martes, 3 de abril de 2012

Cuento no. 4: Alfonso y Toño.

Un redoble de tambor en su sueño, en realidad era un repiqueteo constante en su despertador. Un día más comenzaba para él, mientras que su cuerpo se tornaba más insoportable con los años de constante esfuerzo. Se sentía un punto difuso en el mundo que le aguardaba, ahí echado en la monotonía de su modesta habitación. Lento y seguro se preparó el baño, luego el desayuno y dispuso uno más de sus días a su trabajo habitual.

Al otro lado del corredor en la habitación contigua, otro hombre de muy parecido aspecto al suyo seguía dormido, totalmente enfrascado en la tarea tan particular del soñador. Siempre soñaba algo distinto que podía recorrer de lo hermoso y grandioso a lo terrible y ensordecedor.

Los dos hermanos se desenvolvían con extraña familiaridad, la que se logra con años de convivir a marchas forzadas. Desde niños, siempre distante uno del otro, pero con la obligada tarea de trabajar juntos. La rutina los había hecho inconformes y al siguiente minuto, resignados.



-Toño, levántate de una buena vez, hoy llega mercancía nueva y hay que hacer inventario.
-Aja sí...-Toño se sentía distante en su sueño, aquél dónde él era el jefe. Donde todos lo miraban con respeto. Se levantó y al instante la pesadez del recién despierto lo sorprendió. Le irritaba."El cuerpo es algo miserable en verdad" pensó.
La modesta tienda de abarrotes que los hermanos administraban se les asignó algo así como por obligación, heredada por sus padres. Era un lugar anticuado en medio de una ciudad ruidosa y sucia que se creía enfrascada en la modernidad.

Sus personalidades se funden en la triste y común dualidad. Mientras uno es resignado y ordenado, el otro es inconforme y caótico. Cada día un lío entre los dos.
Alfonso se cansaba de buscar soluciones a cada uno de los problemas que ocurrían en su negocio debido a la poca preocupación de su hermano. Era como si Toño no sintiera remordimiento alguno sobre lo mal que se desempeñaba en sus responsabilidades en la tienda. Y es que hallar una solución era difícil, como lo son siempre las situaciones frustrantes.

Un día Antonio llegaba con algo de mercancía que encontró a un bajo precio, de una tienda de abarrotes cercana que ya no pudo mantenerse y finalmente quebró. Interesado vio que su hermano buscaba con su despreocupación habitual, algo en el refrigerador de refrescos.

- ¿Qué buscas?
-Una coca, pero no hay.
-Si lo hubieras acomodado todo tú mismo sabrías donde están, mira.
-Ah gracias, es para él.-dijo mientras señalaba a un sujeto a primera vista totalmente desalineado.

Era el mendigo de la cuadra. Alfonso lo vio como siempre: perdido en su mundo y sin recordar por qué exactamente había acabado así. Cojeaba de una pierna y sólo podía especular al respecto.

-No lo vayas a tocar cuando le des el refresco.
-Da igual.
-¿Por qué no tomas en cuenta mis consejos?
-Te preocupas demasiado.
-Si sigues así podrías acabar como él.
-Pues mejor vamos haciendo amistad de una vez, pa´ que me tenga un lugarcito en el parque de indigentes. Aquí tiene, su coquita bien fría...

El mendigo ni terminó de escuchar la frase, tomó la bebida que él sentía un elixir y aventó las monedas. Se fue cojeando como siempre.

Una vez más Alfonso trató de entender la actitud de su hermano y una vez más se le hizo una tarea imposible. Con el tiempo comprendió que había desperdiciado su vida haciendo algo que él creía que era su deber, pero sólo lo hacía infeliz. Encargarse de su pequeño negocio y aguantar a su hermano comenzaba a dejar de tener sentido.

Alfonso pensó: "Debe haber algo más que eso, más que los inventarios de mercancía, más que las cuentas qué pagar a los proveedores, más que las ensoñaciones, más que los eternos dilemas cotidianos, más que los mendigos con cojera. Más que todo lo que he hecho hasta ahora".
Empezó a dejar de preocuparse tanto e incluso veía con agrado de los sarcásticos chistes de su hermano. Dejó de tomarse todo tan en serio, hasta se reía de sí mismo. Tomaba viajes cortos, primero a parques cercanos, después iba cada vez más lejos. Encontraba algo extrañamente satisfactorio en viajar. Personas nuevas, lugares nuevos, que al final eran sólo eso: lugares y personas.

Llegó el momento en que decidió cerrar la tienda y rentar al lugar para un giro distinto. Cuando se lo informó a su hermano, éste se mostró incrédulo. ¿Qué haría ahora él solo? ¿De qué trabajaría?

-No sé, pero es obvio que esto nos hace infelices a los dos. – Dijo Alfonso.-Una parte de la renta será tuya y la otra mía. Tengo algo de ahorros, así que las primeras rentas serán para ti. Inviértelas en algo de provecho. Me iré de viaje y no sé cuando regresaré.

Después de un tiempo, Toño Duarte se hizo a la idea. Ya no tenía lo regaños de su hermano molestándolo, pero lo extrañaba de algún modo. Sin alguien que limitara sus ensoñaciones y pereza se dedicó a pasar los días paseando y observando su entorno. Algunos viejos clientes le preguntaban el por qué del cierre de su negocio y Toño no sabía qué contestar, así que los demás pensaban que también a ellos los había alcanzado la crisis. Sin embargo era otra clase de crisis la que había alcanzado a los hermanos.

Toño deseaba para sí mismo todo tipo de objetivos, pero nunca los llevaba a la práctica, resultaba más fácil hacer lo que siempre había hecho. Sencillamente había preferido la comodidad de esa elección. Entendido esto, se dio a la tarea de dejar las ensoñaciones a un lado y ponerse a trabajar en algo nuevo.

Cada uno a su manera, comprendió que el diario transcurrir de los días no tiene mucho que ver con lo que todos creen. Si todo es tan temporal, incluyendo las emociones y las circunstancias lo mejor es permanecer lo más ecuánime posible y cumplir con el trabajo que uno elije.

Un año completo después, Alfonso Duarte regresaba a casa. Bronceado por constante exposición al Sol y con una mirada que logra aquél que está satisfecho en sí mismo, fue en busca de Toño. Sin embargo no encontró a nadie en casa. Buscó en todas las habitaciones, que no eran muchas y sólo se topó con la ausencia de su hermano. Extrañado notó una hoja en la mesa que no había visto antes, estaba algo sucia pero con buena letra. Decía:

"Siempre estuve absorto en deseos inútiles que sólo me elevaban a una realidad lejana e inexistente, así que he decidido dejar de desear tanto y dedicarme a algo más terrenal. ¿Y qué puede haber más terrenal que trabajar? En serio hermano, he tenido muchos trabajos en todo este tiempo. Sin embargo he decidido trabajar sin paga alguna, ya que he descubierto que se puede vivir con lo más básico. Los jefes que he tenido creen que tramo algo y me despiden sin explicación. Pero siempre habrá alguien más que acepte a este loco. He aprendido algo: hacer sin esperar nada a cambio, trae paz.

PD. Volveré algún día casa... tal vez."


Ilustración cortesía Inés Pacecho Mondragón.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

...11

Ahh, el dulce sabor del anonimato ilusorio y digo que es ilusorio por que no hay nada más falso que pensarse distinto a los demás y al mismo tiempo pensar que somos igualitititos. El afán de algunos de no mencionar directamente su persona y el todavía más perturbador afán de otros de dar los detalles más ínfimos de su ser.

La gente con sus desvaríos de grandeza o de inútil modestia, sólo juega a los malabares con la dualidad. Esa compleja y simple estructura levantada por la mente y los sentidos.

Y por qué escribí tanta cosa absurda? bueno, primero por que hace mucho tiempo no escribía, ya saben, los bloqueos mentales/emocionales/flojera y todo eso, lo cual ya comienza a deslizarse por la letrina psicológica que resulta la actitud "me vale madres". Y en segunda, por que estas semanas han estado raras, raras rarisisísimas y me hace pensar una vez más en lo temporal que es todo.

Si, todo temporal y yo feliz de la vida. Digo, ¿es eso normal? que uno se sienta feliz aún cuando se está rodeado por gente en su mayoría imbécil (salvo ciertas excepciones), cuando el clima en general ya es una gran molestia y todos dicen que hemos de morir asfixiados por nuestros propios gases en un futuro no muy lejano? Cuando nos dirigimos en picada hacia un futuro dominado por las mentes más degradadas. No, la verdad es que no consumo ninguna clase de droga.

Es sólo que todo ya marcha a pasos forzados, el tiempo parece acelerado y lo único que encuentro seguro es una sola idea. La cual no mencionaré ahora, pero se me hace la más perfecta sobre la faz de la tierra y más allá.

Así que mejor aprovechar el tiempo y dejarse de estupideces ilusorias que lo de hoy es, pues eso, el presente.

Y no sé que sea, pero me siento feliz. Aunque claro, aquí vuelvo a la idea anterior.

¿Por cuanto tiempo?

jueves, 19 de agosto de 2010

Cuento no. 3 -Fernanda y Samuel (única parte)

El niño se imaginaba que al soplar, un viento firme, fino y agradable se deslizaba a través de la tela multicolor creando un suave oleaje en el vestido de aparador.
El pequeño niño se imaginaba entre nubes de seda o en un mar muy suave y reluciente, sencillamente le gustaba imaginarse así.

Después, una voz fuerte y al mismo tiempo nerviosa llamó su atención.
-¿Samuel?, hijo dónde estás.

Samuel conocía bien esa voz. Solía ser muy dulce, molesta, preocupada. Solía ser su madre que lo llamaba a lo lejos.
Se incorporó y fue a la fuente del sonido.

Apenas vio al delgado y vulnerable niño, la bella y pálida mujer lo recibió molesta. Otra vez vagando por la tienda departamental mientras ella decidía qué conjunto comprar. Detestaba eso, en realidad detestaba muchos aspectos del comportamiento del pequeño Samuel y al mismo tiempo se sentía culpable por tales pensamientos.

Pero a quién se supone que debería de reprocharle que, a sus cinco años, rara vez dijera una sola palabra?.
"Siempre pareció un niño prometedor" decía su esposo antes de dejarlos definitivamente.
Al recordar esto, Fernanda sintió que el estómago le daba un giro y tragó saliva lo mejor que pudo. Se decidió por un fino vestido, al mismo tiempo que elegante y salió de la tienda.

Después de su matrimonio fallido, ella y Samuel se mudaron a casa de sus padres. La amplia residencia le resultaba grande y vacía. Le parecía así desde niña y no sentía que hubiera cambiando en lo absoluto. Se preguntaba cómo le parecería a su hijo.

Samuel recordaba perfectamente el día que llegó allí. La fachada era tan enorme que le asustó la posibilidad de que la construcción se derrumbara y cayera sobre él, aunque inmediatamente imaginó que las paredes en realidad eran de cartón y sólo sentiría cosquillas.
Para él su mundo era maravilloso, lleno de aventuras y diversión. Disfrutaba cada momento de modo tal que no veía por qué gastar tiempo entonando palabras fugaces. De vez en cuando llamaba a su madre por su nombre y jamás llamó de forma alguna al hombre que solía vivir con ellos en su hogar anterior. Por ello para el resto de las personas Samuel sólo era un niño debilucho y serio, sin algo interesante que aportar.

Durante la noche de gala que tenía lugar en la residencia de sus padres con motivo de los 30 años de matrimonio de estos, Fernanda se encontraba en medio de una conversación incómoda:

-Y dime, qué colegio elegirás para Samuelito?-preguntó una tía, hermana mayor de su madre.
- aún no lo decido
-podrías inscribirlo en el mismo al que ha acudido la familia por generaciones.
- es una educación muy estricta, no sé si sea lo mejor para él y aún es muy pronto para decidir, no ha cumplido los seis años.
-bueno, es importante que te decidas, cuanto antes mejor. Todos queremos lo mejor para él y que supere la situación difícil de tu divorcio. Por cierto, ¿cuál fue el diagnóstico del psicólogo acerca de su trastorno del habla?
-tía, le agradezco su preocupación, pero preferiría hablar del tema en otra ocasión. Ahora, son mis padres los que deben llevarse todas las miradas.
-tienes razón, brindemos por los enamorados.

Fernanda disimuló lo mejor que pudo el coraje que la embargaba y una a una las emociones le llenaban la mente y las entrañas. Las cienes comenzaron palpitarle, aumentando su molestia. Salió lo más discreta y rápidamente posible y al llegar a su habitación, tomó un joyero (regalo del que fue su esposo) y lo estrelló contra la pared.

Sintió que Lo que se rompía, eran sus ánimos y todo lo que había deseado para sí misma. Detestaba la hipocresía de su entorno y la frustración que le provocaba el extraño comportamiento de su hijo. Aún enojada y exhausta se tiró en la cama a mirar el vacío.

Después de largo rato concluyó que fue el apego a su idea de vida perfecta lo que provocó todo aquél absurdo sufrimiento.
Al día siguiente tomó el dinero de la venta de la casa, donde vivió los primeros años de su matrimonio y se fue con Samuel lejos de la gran residencia, lejos de la hipocresía que ya no toleraba.

...

Meses después, la tarde de un día común. En el jardín de una pequeña casa,una mujer y un niño vestidos con uniforme de una escuela cualquiera (uniforme de educadora y de alumno respectivamente), descansaban sobre el pasto tibio por el sol. Sus rostros normalmente pálidos estaban sonrojados y sin necesidad de palabra alguna, disfrutaban la mutua compañía y la paz.

Al final del momento tranquilizador, Samuel se incorporó con las rodillas un tanto acalambradas, (como tantas otras veces) y de forma impaciente preguntó a su madre:

-Fernanda, tengo hambre. ¿Ya podemos entrar a comer?

miércoles, 16 de junio de 2010

Cuento No.2 (Segunda parte)

...Un prendedor que sostenía el fino cabello de una niña de unos seis años. Pasó de la mano de su madre y ella lo miró con curiosidad y alegría a pesar de su desagradable aspecto. Sin duda la mirada de un infante.

Entonces su mente comenzó a divagar en el pasado, en los tiempos en el que era un niño. Se miró jugando en el jardín de la casa de su madre. Su hermana traía un sencillo y reluciente prendedor que sujetaba sus risos, aunque algunos se escapaban cayendo sobre sus hombros y frente. ¡Reían mucho!

Momentos de apretada reflexión aterrizaron en su mente marchita, el sentimiento le trastornó y se sintió distante una vez más. Extrañaba ese recuerdo, esa paz y sencilla alegría.
Lo pudo recordar todo en un instante, como un rollo de película enfrascado en el tiempo y la negación. Su niñez, adolescencia desenfrenada, su intento por madurar.

“Mi vida solía ser un intento”, se dijo. Recordó lo que le llevó hasta ese punto de miseria y vacío, pero sólo lo horrorizó… le horrorizó recordar la verdad.

El nunca fue un mal tipo y ni siquiera oía voces como los otros indigentes del parque, no estaba loco. Sencillamente no pudo con todo lo que se le exigía. Su trabajo era agotador y nunca le agradecían su esfuerzo. Su mujer era digna de todo un análisis psiquiátrico y siempre pensaba con una mueca torcida que podría ser el amor ideal de su jefe. La rutina le secó los ánimos y de pronto se halló frente a una realidad que no pudo tolerar. Comenzó a odiarse a sí mismo y a su entorno, comenzó a amargarse desde adentro. Se sintió solo en una vida absurda, un mal chiste.

Fue cuando se le ocurrió dejarlo todo que encontró un poco de paz. Y lo hizo de la manera más radical que pudo. Lo dejó todo y eventualmente, todo lo dejó a él.

Una esperanza de cambio le pasó, pero fue demasiado rápido. Ya había hecho demasiados esfuerzos sin resultado alguno y encontrándose harto de los intentos fallidos, se decidió por seguir igual.

Pensó que la inacción no traía consecuencias y por lo tanto seguir viviendo en las calles era la solución. Sin prisas, sin preocupaciones, libre de desilusiones.
Y de esa forma siguió sus días, provocando lástima… y odio.


Treinta años atrás un joven de unos veintitantos esperaba impaciente de pie afuera de una florería, mientras silbaba un tono alegre. De repente fue empujado accidentalmente por un hombre de avanzada edad a un charco bajo la acera.
-¡Viejo estúpido!, ¿ por qué no te fijas?, ¡No haces mas que estorbar a los demás!
- Alvaro, ya déjalo, sólo es un vagabundo. Ahora ayúdame con esto- la bella joven salía con un modesto arreglo floral en las manos- nuestra madre no esperará todo el día.

lunes, 14 de junio de 2010

Cuento no.2 -Alvaro (Primera parte)

Hacía calor. Un fuego palpitante le recorría la garganta y de pronto pudo sentir en la boca amarga su último alimento. Nuevamente ahí, entre desconocidas sombras. Como otras tantas veces, se sintió sobrecargado de emociones y confundido y deseó estar en otro lugar, si tan sólo pudiera estar en otro lugar…

Álvaro despertó. Reconoció el sudor en su cuerpo que se deslizaba sobre restos de mugre y un sudor más viejo y seco. Se incorporó lentamente y apoyándose en un brazo trató de adivinar donde estaba.
“Como si no lo supiera”, pensó. El sol matutino comenzaba a asomarse ya y las primeras personas a paso rápido e ininterrumpido comenzaban a verse en la calle.

Álvaro caminaba más lento e indiferente, casi tambaleándose entre la gente que poco a poco era más numerosa. Trataba de ignorarlos, pero le perturbaban, le recordaban a él mismo tiempo atrás. Le miraban con odio como si fuera un estorbo o con lástima a causa de su cojera en la pierna derecha. Su acongojada hermana le había dado unas monedas el día anterior y recordó que aún le quedaba algo, así que fue a la tiendita y se compró aquél refresco de cola cuyo sabor le traía un alivio ilusorio.

Los días transcurrían lentos y furiosos para él, pero se había acostumbrado. Fue al parque un tanto abandonado donde podía encontrar alguna sombra, pero ya estaba ocupado. Hasta ellos lo rechazaban, lo rechazaban porque sabían que era distinto y él mismo se sabía distinto.

Sentado bajo un árbol cuya sombra era muy austera, vio algo… en seguida le ocasionó un diluvio de recuerdos, algo insignificante…

miércoles, 19 de mayo de 2010

Cuento no. 1 -Antonia

-Nada será exactamente como queremos, Antonia- declaraba ferozmente aquella mujer frustrada por años de trabajo totalmente infructuosos desde su propio punto de vista.

La respuesta de su hija, fue tan sólo una mirada enfadada. Qué podía saber aquella mujer? qué derecho tenía a generalizar las reglas de la vida?... reglas.

Antonia las detestaba desde que tenía memoria, todas ellas carecían de total sentido y sin embargo al crecer se dio cuenta de que las necesitaba. Eso la hacía sentirse contrariada y confundida. Pero era peor cuando su madre se las imponía.

A momentos detestaba a su madre, pero pacientemente Antonia recordaba que eso era natural, a lo largo de su crecimiento siempre observaba a otras personas, amigos, vecinos, gente de la calle. Y así se daba cuenta de que todas las personas tenían problemas con sus madres, estaba segura de que todos en algún momento las detestaban al igual que ella.

Sin embargo se aterró al conocer casos extremos, donde algunas personas totalmente dementes llegaban al punto de asesinarlas... "no, mi caso es moderado", se repetía.

Las vacaciones de verano comenzaban y la escuela dejó de ser el pretexto perfecto para no estar en casa, al menos por un mes. Durante ese tiempo, Antonia hizo planes para hacer muchas cosas, actividades, salidas, siempre se felicitaba a sí misma por ser más optimista que la mayoría de la gente. Así, cuando se equivocaba o no podía hacerlo todo como ella quería, se reprendía mentalmente por darle a su madre la razón.

Las vacaciones terminaron, llegó la escuela y todo lo demás, pasó mucho tiempo y Antonia seguía empeñada en hacer muchas cosas y trataba de convencerse a sí misma de que sólo era cuestión de "querer para poder".

Sin duda fue muy exitosa al ser mayor y su repudio a las reglas se esfumó, pero siempre se sentía... frustrada... y frustrada de nuevo. Lo detestaba.

Recordaba a su madre diciéndole del todo convencida que "nada será exactamente como queremos", pero estaba segura que ese lema no podía ser de alguien más que de un perdedor.
Así siguió con su vida y los años de frustración y poca satisfacción a pesar de todo lo obtenido, comenzaron a cobrarle factura. Tenía canas prematuras, el abdomen caído por el estrés y tristemente se daba cuenta de que su par de senos no estaba mejor.

Un Viernes, cansada del tráfico de la semana, decidió dejar el auto para tomar el transporte público y mientras lo abordaba pensó con ironía: "si, mejor pagar unas monedas para que alguien más se quiebre los riñones manejando". Al escuchar su propio comentario mental, se sintió fuera de sí y al observar al resto de los pasajeros se sintió aún peor. Todos lucían cansados o molestos de sobremanera y enseguida se preguntó a sí misma en qué se había convertido.

"Soy peor que mi madre y he encaminado mi vida lo más lejos posible de la suya. Cómo no lo vi antes?, le di tanta importancia a un trauma tan vanal y me he convertido en un zombie más de los que están aqui!!"

Cuando llegó el momento de bajarse del autobús lo hizo totalmente consternada, pero con naturalidad. Realizó su jornada laboral aparentemente normal y sólo pensaba en lo que haría después. Llegó a casa... pero no con renovado optimismo, ni con una nueva idea como: No podemos controlarlo todo y no por ello debemos sentirnos inferiores. De hecho eso ni siquiera le pasaba por la mente.

Sólo pensaba en tomar un baño... el cual por cierto sería el último.

Días después, la oficina era un caos por los chismes, todos recibían atónitos la noticia y murmuraban sobre la posible causa de aquella tragedia.

"La licenciada Antonia se suicidó" se repetía por aquellos pasillos.

En el funeral, su madre, contemplaba pálida y avergonzada el cadáver de su hija y se reprochaba una y otra vez por que siempre había olvidado completar la frase:

- "Nada será exactamente como queremos Antonia... pero siempre hay otra opción".

lunes, 29 de marzo de 2010

...10

En qué momento decidiste aparecer frío y siniestro?

Siempre con ganas de todo entumecerlo...

de convertirte en todo un absurdo bloqueo.

De todo provocando dudas e incertidumbres, dando vueltas en esta mente noble y exigente, exigiente de actos que no pueden controlarse.

Y aún así siguen los sueños, sueños tranquilos y renovadores.

Algún día dejarás de ser indispensable y lo más importante.

Te lo digo aquí y ahora, a ti, miedo de antaño, miedo ya varias veces desbordado.

Ojalá que pronto te transformes en algo aceptado y permanentemente superado.

Ojalá.

viernes, 26 de febrero de 2010

zzz...

Desde hace algún tiempo he dejado de tomarme tan en serio los sueños, despés de todo sólo son una revoltura de lo que vimos durante el día junto con los miedos, preocupaciones o deseos que podamos tener.

Hoy no fue la excepción:

Me encontraba caminando despreocupada en una especie de plaza pública como las del centro de esta ciudad, cuando vi a un joven con barba y playera roja pisotear repetidas veces a una pequeña tortuga que sólo escondia sus extremidades dentro de su caparazón. A su lado había otra tortuga de mayor tamaño, ya con el caparazón destruido.

Al ver la escena hize algo que jamás haría en este estado de vigilia: corri desesperadamente hacia el sujeto gritando: "¡¡no la pises, por favor no la pises!!". Al verme hacer eso, esta persona la pisoteaba con más fuerza y yo sólo escuchaba el clack clack del caparazón roto.

Acto seguido llegaba hasta ahí pero el muchacho echaba a correr. yo recogía suave a la tortuga en mis manos, era muy pequeña y estaba lastimada, pero se movía.

No podía hablarle, pero pensaba que me gustaría que viviera y sentía mucha tristeza. Después la tortuga dejó de moverse. Su cuerpo se desparramaba entre mis dedos.

Recuerdo haber pensado que la enterraría junto con su colega también pisoteada, pero entonces desperté.

A veces pienso que soy una cobarde por que siempre he pensado que uno como persona supuestamente evolucionada debería de cuidar y proteger a los que son más vulnerables o débiles, pero nunca he hecho algo al respecto.

Mi decisión por el vegetarianismo no estuvo inspirada en este principio y tampoco creo que me haga mejor persona. No tengo intenciones de cambiar al mundo o convencer a alguien más de que lo haga, si ni siquiera puedo empezar por mi.

...

Lo que se busca uno por andar soñando ...

jueves, 18 de febrero de 2010

...9

- Yo sé que debes odiarme por todo lo que te he hecho...
-Claro que no
- Ya aceptalo...
-No te odio, el odio es sólo otra clase de apego y el estar apegada a ti es algo que hace mucho no hago.

* él la mira perplejo, ella, saborea su venganza.

lunes, 15 de febrero de 2010

...8

"Aquél que hable sobre conocimiento y sabiduría y no empiece por sí mismo es un farsante" ...

Algo ya muy sabido y lamentablemente también fácilmente olvidado... a veces por mí misma.

martes, 9 de febrero de 2010

conversaciones incómodas.

Generalmente a lo largo de esta corta existencia (quiero pensar que a los 24 años aún se es joven) los actos que realizen otros o sus opiniones me importan poco, a menos claro que tengan que ver conmigo... por qué? ah bueno para eso hay muchas posibles respuestas: por que soy una amargada, por que no he tenido buenas experiencias con la gente, por que sencillamente siento una irremediable indiferencia a los demás desde mi aburrida infancia.

Como sea, éste no es el tema a tratar en esta ocación.

Pero sí explica mi frustración (temporal, gracias a diositosanto) cuando voy en algún transporte público y no puedo evitar oir las conversaciones de otras personas a bordo cuando éstas usan su derecho de expresarse, hablando fuertemente.

Como una vez, cuando estaba en el metro de la línea 2 y unos sujetos, cuyas prendas evidenciaban su gusto por el ánime, hablaban sobre unos personajes de alguna serie con un nombre en japonés que no entendí, con tonos melosos y voz fuerte.

Mi cerebro intentó entrar en piloto automático para evitar escucharlos, pero fue inútil, simplemente tuve que chutarme la conversación algunas estanciones.
De lo poco que entendí una chica gritaba emocionadísima que le gustaba mucho un personaje de una serie, pero su otro acompañante le decía que era una pederasta, ya que el personaje en cuestión es un niño de 7 años. Ella insistía en que estaba "bien guapo" y que no era su culpa que le gustara, pues lo dibujaban más grande y se veía "hermoso".

Y ejemplos así hay muchos.

Pero uno que no puedo evitar recordar es el siguiente:

Estaba yo en un microbús y como suele pasar en estos transportes, iba el chofer al volante y un acompañante que le ayudaba a cobrar. Este último sujeto, era alguien a simple vista desagradable, con actitud retadora, tenia barros por toda la cara, el cabello pintado de güero y hablaba con bastantes groserías lo cual no es de espantar, aunque sí lo es ya viendo el cuadro completo.

A la mitad de mi trayecto se subieron unas chicas, una de ellas parecía conocer al tipo que cobraba, pues lo saludo de beso. Después se dio una conversación ocacional, mientras que ella sólo le daba el avión. Al poco rato se bajaron y yo pensé que ya había terminado mi frustración de tener que oir tales conversaciones.

Sin embargo se dio lo siguiente:

- No mames conoces a esa vieja?
-Si wey, es mi vecina, está bien buena... al chile quería que le diera verga, pero yo no quise.
- jajajajajaja! no mames.
- si wey, pinche vieja.

Lo anterior dicho oootra vez fuertemente.

Muchas ideas pasaron por mi mente de forma veloz, pero la que se mantuvo por más tiempo fue (y disculpen la vulgaridad, pero hay cosas que no se pueden decir de otro modo), que es difísil creer como hay hombres que piensan que todas las mujeres desean ser cogidas por ellos, no importa lo feeeos que sean.

Guacatelas.

miércoles, 27 de enero de 2010

Pérdida o Ganancia.

¿En qué se supone que está el éxito?

O, ¿cuándo podemos decir que somos exitosos?

Acaso es cuando tenemos la aceptación de todos a nuestro alrededor, incluyéndonos a nosotros mismos? o cuando nuestros padres tienen de qué presumir a otros? (situación que francamente me pone sumamente incómoda).

Se podría tomar como éxito también, ser productivos para esta degradada sociedad y tan sólo ser otro retorcido engrane en ella?

Está en nuestra naturaleza buscar siempre un lado de la dualidad, el cual casi siempre es el del éxito, la aceptación y demás ganancias materiales, eso no es nada nuevo y dudo que tenga algo de malo.

La cuestión es que actuar de ese modo, siempre nos lleva a una especie de círulo del que nunca se sale, siempre luchando y trabajando para el tan anhelado éxito, para las posesiones y ya no digamos en paises como este, donde generalmente se termina trabajando mucho tan sólo para pagar las deudas.

Habemos quienes, conscientes de esto, nos dedicamos a la inactividad para evitar caer en cualquier situación antes mencionada, pero sinceramente provoca, al menos en mi persona, una gran carga de ansiedad.

A final de cuentas la inactividad tampoco brinda alivio, así que mejor ponerse a trabajar en algo que al menos nos guste y dejar de darle todo el crédito sólo a los logros y a las ganancias.

Y sólo tal vez...

¿No podría considerarse ser exitoso sencillamente el estar a gusto con uno mismo?

lunes, 21 de diciembre de 2009

¿No que muy aca?

Ah, una de las cosas que más me gusta de esta existencia, es que siempre que uno dice o declara algo, pasan sucesos que son una prueba para saber si es verdad que uno hace lo que ya declaró anteriormente.

Simplemente es algo que no falla.

En el post anterior escribí sobre mi actitud normal hacia todo, por así decirlo. Me refería a andar siempre con una sonrisa por aqui y por allá...

Eventualmente y teniendo en cuenta que todo es temporal, esa sonrisa se desvaneció y mi actitud de siempre se puso a prueba cuando la salud comenzó a fallarme...

Hasta hize un deprimente escrito sobre cómo me estaba sientiendo. Incluso pensé publicarlo aquí mismo, pero mi novio (siempre tan honesto) me convenció de que no sería una buena idea, pues aparte de lo triste, no encajaba con lo que normalmente son mis posts.

Además si dijera que pasé por un extremo sufrimiento como el que se vive por terribles padecimientos crónicos, estaría mintiendo, ya que basto una ida al médico para que los desagradables malestares acabaran y al mismo tiempo todo quedara en continuación, pues aún faltan un par de "analeses" (como les dice mi abuela), para descartar por completo algo más grave.

Así que, aunque la pasé realmente mal unos días, trato de seguir con mi actitud anterior. Insisto, mejor una sonrisita que una cara de esas que se ponen cuando llega un olor putrefacto.

Conclusión: hay que tener cuidado con lo que se declara, pues es seguro que con el tiempo será evidente si somos lo que tanto pregonamos.

PD. Aunque sí admito que es particularmente placentero, cuando se ve a un total hipócrita e inconsciente caer a causa de todas sus absurdas habladurías :D


miércoles, 9 de diciembre de 2009

"Qué me ves?"

A veces esta frase es muy recurrente, ya se mental u oralmente...

En mi caso es, desde los 17, es estrictamente mental (no pregunten por qué).

Voy en el metro y alguuna que otra mirada seria se fija en mi cara y no dudo que sea por que tal vez estoy muy despeinada... pero así he andado casi mi vida entera y dudo que sea hasta ahora que finalmente llame la atención.

Llego a mis modestas asesorías para la prepa abierta y algunos de mis compañeros ponen las mismas caras de las personas del metro.

Chale, pos qué es?

Después de darle varias vueltas al asunto, he llegado a la conclusión de que unas pocas personas me miran feo por que la mayor parte del tiempo suelo tener una ligera sonrisa en la cara :)

Y no, mi vida no es perfecta, sí tengo problemas y traumas como toda la gente y demás cosas desagradables.
Pero irónicamente cuando antes todo "estaba bien" y todo me era más color de rosa, siempre andaba enojada.

Supongo que para algunos pocos, las malas experiencias nos dejan una extraña y duradera sensación de felicidad/tranquilidad cuando por fin salimos de ellas y comprendemos que todo es cuestión de actitud.

PD. Ash ahora que vuelvo a leer todo lo anteriormente escrito, me pregunto si no me habrán hecho un lavado de cerebro esos del club de los optimistas sin darme cuenta.
Ni modo, así se me ocurrió al momento, así lo dejo.

PD2 Además, eso de quejarse de todo y traer siempre una cara de "huelecaca", como que no.

martes, 1 de diciembre de 2009

FIN DE...

Semana?, de Mes, de sexenio, de otro viaje martirizante en metro? de Vida? ... del mundo?

De acuerdo ya exageré; pero... toodo, siempre ha de encontrar un final, ya sea feliz, triste.. blah blah...

El final de una película, de un juego, de una relación... de una vida miserable o incluso de una vida llena de lujos y demás opulencias.

Como ya se sabe, todo es sencillamente temporal.

Y este año que agoniza no es la excepción.

Me pregunto cuál será el fenómeno psicológico o antropológico o cuál logía puede explicarme por qué en fin de año la gente saca su demonio consumista interno y se dedica a obedecer lo que dicta la publicidad barata y totalmente hipócrita... por que, acaso alguien en verdad cree por ejemplo, que el jabón "dob" con toda su linea de desodorantes sirve realmente? bueno si... pero para crear un cancer de mama a futuro yo creo.

O que los Quelocs en verdad se preocupan por la nutrición?... sin embargo la publicidad constante puede lograr que cualquier mentira se acepte.

¿A quién se le ocurrió que comer pavo era para navidad?... no tiene naada que ver con el hecho de que todos los pavos que no se vendieron en E.U. por el día de acción de gracias (el cual es el ultimo jueves de noviembre) se revenden más varatos acá en Diciembre?...

En fin, como yo siempre me preocupo de no caer en el término "grinch" por que me parece una etiqueta bien feita, pues tampoco he de quedarme atrás y me gastaré todo el dinero que no tengo en cosas que no necesito y... asistiré a posadas y me embriagaré y...
No esperen, ya fue demasiado.

Tal vez sólo sea cuestión de encontrar un equilibrio, pero...

¿Cómo realizar lo "socialmente aceptado" sin perderse a sí mismo?

Who fuckin knows.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

coincidencias?

Mientras más se observe a diferentes personas, en donde sea y a la hora que sea, se puede ver claramente la eterna búsqueda de la identidad... ¿por que quién no desea tener una?
Hay incluso quienes luchan a capa y espada por pertenecer a algún grupo y así no quedarse sin denominación y/o etiqueta.
Somos tantas personas, que muchos buscan lo diferente, lo innovador, lo espontáneo... pero a final de cuentas, puede que sólo terminemos siendo igual o una copia barata de algo ya existente.
Cruel realidad? o se acepta eso que dicen de "eres único" y "no puede haber dos personas exactamente iguales"...

Quién sabe, no conozco a toda la gente, pero si he de confesar que me trauman un poco, situaciones como las siguientes:

- fulanita?
- eh?
- ayy! pero cómo eres!! por qué no me saludaste! ya ves que mala onda? por qué ya no me quieres hablar?
- disculpa, te conozco?
- chaaale y todavía haces como que no me conoces! qué te pasa?
*observo detenidamente a la persona que me confunde con alguien que definitivamente no soy yo.
-mmm te confundiste, mi nombre no es fulanita, yo me llamo...
-ah!! no eres fulanita??
-no, ya te dije que mi nombre es...
-ayyy no manches!! es que te pareces un buen a fulanita, disculpa eh amiga...

Eso por poner un ejemplo, otro podría ser:
-ayyy! qué crees! la prima del novio de mi amiga... es idéntica a ti! hasta en el cabello y en la forma de expresarte...

Y si, esa clase de situaciones me han pasado muchas veces, tantas que a veces he pensado que es cierto lo que una vez me dijeron:

- Cada persona tiene siete gemelos repartidos por ahi

Y de ser cierto, las siete que me tocan viven en la misma ciudad o de menos país... chalesss

Como dato curioso (y sí completamente carente de fundamento que compruebe que es verdad, aunque no por eso menos traumante) he de contarrr que platicando con alguien sobre las situaciones antes mencionadas dijo:

-Podría ser, incluso en cierto país de oriente hay un templo, donde llegas con tus datos de nacimiento y ellos entran a unos archiveros enormes y sacan una tarjeta, te la leen y te dicen: usted tiene esto, sus traumas son estos, usted hará esto en su vida. Todo esto por que los destinos de las personas se repiten una y otra vez, según por que nadie es único.

FSF(fuck shit fuck) O.o

Pensaría que son sólo coincidencias, pero tampoco creo en ellas.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Tira.

Pues bien, heme aquí publicando esta tira de Josuédric, quien dice que es mia... y yo digo que no lo es, pues son sus personajes y en general sus ideas...
Peeero qué más da!!, me agenciaré esta atención que no me pertenece de cualquier manera!, pues así funciona todo hoy en día :D
PD. Aunque sé que nadie me preguntó he de decir que a diferencia de Mota en este número, yo sí pude recuperar mi chamarra.
Gracias. :L

martes, 10 de noviembre de 2009

De regreso?

Después de un periodo de inactividad bloggera heme aquí escribiendo sobre la nada, podría relatar el por qué de tanta inactividad... pero básicamente sólo tuvo que ver con una poderosa onda invernal de flojera.

Aparte de que se atravesó un cumpleaños más en mi haber, el cual pasó sin pena ni gloria, pero me alegra haberlo recibido tranquilamente a comparación de otros.

Recuerdo que tenía muchas cosas en mente para relatar:

- Cómo mi instructora de natación me utilizó como claro ejemplo con el resto de la clase sobre el comportamiento que "no se debe de tener en una situación de vida o muerte"...

- Como una compañera coreana en esta misma actividad se burla a hocico abierto de las señoras gordas que se avientan mal a la alberca, sacando considerables cantidades de agua de la misma.

- La nostalgia del cumpleaños... chale, pero esa ya es bien conocida por muchos y todos escriben en su blog algo referente de cuando cumplen años. (incluyendome).

-Cómo el Zócalo de esta ciudad estuvo vacío y sin ofrendas este primero y dos de noviembre por que (según un individuo que explicaba la diferencia entre ofrendas prehispánicas y actuales a quien se dejara en aquél lugar) el Gobierno de esta ciudad se gastó el dinero en quién sabe qué y no tuvo para pagarle a los "compañeros" para poner las tradicionales ofrendas.

- La terrible sensación que a ratos tengo de haber cumplido veintitantos y no concluir aún mis estudios.

- Lo desesperante y gracioso que puede ser mi maestro de inglés:
"a continuación veremos el verbo marica" *escribe put on en el pizarrón.

- Apenas noté que cumplí siete años de ser vegetariana... ¬¬!

-Los nuevos impuestos que son una mamada... pero eso igual ya todos lo saben.

Pero para qué!, mejor evitaré escribir sobre estos temas (por ahora) y únicamente me limitaré a comentar a otros sus blogs :D

Después de todo, en esta mente siempre andan rondando ideas que luego puedo escribir.

Saludos pre-invernales a cualquiera que visite este Solitario Blog :)

domingo, 25 de octubre de 2009

Ah, por qué será...

Por qué será que sólo cuando nos salen las cosas como esperamos, como lo planeamos, cuando son a nuestro favor o como nos gustan, es que estamos con una sonrisa en el rostro.

Sin embargo, todo cambia cuando es al contrario... a veces somos presa de la ira o de la tristeza...

Podemos pasar de un estado al otro en muy poco tiempo.

Me gustaría poder simplemente ser más indiferente y estar libre de sentir que las situaciones a mi favor o en mi contra me afectan ya sea de "buena" manera o de "mala".

Me pregunto si realmente podré aplicar el dicho "al mal tiempo buena cara", y al mismo tiempo me gustaría conocer a alguien que honestamente pueda hacerlo... al menos una vez, en algún momento.

lunes, 19 de octubre de 2009

...7

Resquebrajado día de Otoño, frío a la percepción y suculento para un momento de depresión.

Aturdes al aparecer, siempre cambiante al paso del tiempo... y al final siempre temporal.
Pues inevitablemente cambiarás a un invierno seco en su origen, de fluctuante esencia, que terminará de cualquier forma al igual que todo lo que empieza.

Cambiantes estaciones, al igual que este tiempo transformador.
Cambiantes emociones, de diferentes colores... tenues y dominantes.

Cambiante yo, con idealistas pensamientos, que no pueden evitar chocar con oscuras ataduras mentales, miedos terrenales.

Y finalmente cambiante tú, con bruscas imposiciones logradas a través de ese poder retorcido e ilusorio.
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Ilusorio, como todo.